7 problemas que nos causa nuestro smartphone en la vida diaria

Cada vez nos resulta más complicado encontrar a alguien (o algo) que nos parezca más interesante que nuestro smartphone, es la cruda realidad. Y esto nos trae algunos inconvenientes, en este caso te mencionamos 7:

1.- Genera adicción

Al despertarnos, mientras desayunamos, mientras viajamos en el colectivo, durante una comida y antes de dormir ¿Somos incapaces de vivir sin nuestros smartphones? Parecen haberse convertido en una extensión más de nuestro cuerpo, y no tenerlos con nosotros puede llevarnos a un estado de crisis de nervios.

Para una gran mayoría es una adicción. Grupos de amigos que quedan a cenar y nadie despega la vista del celular, visitar lugares a través de la cámara del teléfono en vez de admirar el paisaje con nuestros ojos, o la imposibilidad de realizar tareas cotidianas.

Somos adictos a nuestros teléfonos no porque dependamos de ellos, sino porque los usamos para evitarnos a nosotros mismos. Pensalo.

2.- Afecta a nuestras relaciones

Partimos de la base de que nos fascina la vida familiar y que estamos encantados y totalmente comprometidos con nuestra pareja. Sin embargo, es evidente que la realidad es distinta. Todas esas cosas maravillosas se mezclan con otras muchas que nos resultan extrañas y frustrantes. Nuestra pareja no es tan comprensiva como nos gustaría, nuestra familia es mucho más conflictiva y problemática de lo que nos parece razonable y justo. El teléfono nos proporciona la excusa perfecta para desentendernos de los aspectos más complicados de los demás.

3.- Nos condiciona a la hora de buscar pareja

 

Las apps de parejas nos hacen creer que es fácil encontrar a “esa” persona. Decenas de “matchs” y cero conversaciones iniciadas. Eso quiere decir algo.

El amor no puede consistir en ubicar en un mapa a esa mítica persona ideal. La compatibilidad entre dos personas es una consecuencia del amor y no puede ser una condición previa. Esta es una realidad que nuestro teléfono no quiere enseñarnos. Él nos promete encontrar a alguien con nuestros mismos gustos y que encima, viva en un radio de unos 16 kilómetros de nuestro barrio. Sin embargo, nuestro móvil no puede ayudarnos con el verdadero desafío del amor: desarrollar la afectividad y la comprensión por la fragilidad humana.

4.- No nos percatamos de los detalles

Nuestros teléfonos nos muestran el mundo de manera fugaz. No obstante, y sin que nos demos cuenta, a menudo nos impiden prestar atención a los pequeños detalles. Cuando bajamos la mirada para ojear nuestra pantalla no nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo de, por ejemplo,  el placer de sentirte cansado después de un duro día de trabajo, la emoción de levantarte temprano una mañana de verano para disponer de una hora entera solo para uno, tal vez no vemos un cúmulo de nubes errantes en el cielo, o la timidez de una sonrisa indecisa. Todos esos momentos de tu día están esperando que les prestes un poco de atención.

5.- Nos crea miedo a perdernos algo

Gracias a nuestros teléfonos, estamos constantemente informados de las andanzas de todo el mundo: “Fuimos a tomar algo a un bar que estaba genial”, “se va a casar en una iglesia en medio del campo”, “el mejor after-office de mi vida” etc., etc. Existen tantas cosas que no estamos haciendo, tantísimos eventos a los que no estamos invitados y de los que no somos parte. Nuestras vidas están llenas de miedo a perdernos algo.

Sin embargo, existe una lista bastante diferente de cosas que nos estamos perdiendo por hallarnos inmersos en nuestros teléfonos: conocer a nuestros padres en profundidad, aprender a lidiar con la soledad, disfrutar del reconfortante poder de los árboles y las nubes, charlar con niño de siete años. El verdadero problema no es la sensación que tenemos de estar perdiéndonos algo, sino cuáles son esas cosas que nos estamos perdiendo. Para reflexionar.

6.- Tenemos la necesidad de que nos den “me gusta”

Puede que resulte desesperadamente ingenuo o narcisista admitirlo, pero todos queremos que nos den “me gusta”. Esa emoción fugaz que sentimos cuando recibimos un “like”, es muy común, aunque la mantengamos en secreto: esperamos que nuestros problemas y nuestras alegrías sean comprendidas genuinamente por otras personas.

Nos hace sentir menos solos, pero en cualquier caso, la soledad desarrolla nuestra capacidad de relacionarnos íntimamente con las personas, por si en un futuro se presenta alguna oportunidad. Gracias a la soledad se intensifican las conversaciones que tenemos con nosotros mismos, nos dota de personalidad: no repetimos lo que oímos a los demás, desarrollamos nuestro propio punto de vista.

7.- Las selfies

Es fácil engancharse y sacarse una que otra ‘selfie’ al día y así mantener actualizadas las redes sociales, pero muy pocos se ponen a pensar qué se esconde detrás del impulso incontrolable de autorretratarse.

La mayoría tiene entre 15 y 30 años. Esos son los jóvenes que más buscan proyectar una imagen que sea aceptada por su grupo social, según retrata el sociólogo Juan María González. Para González, los autorretratos contantes reflejan “el permanente ensayo esto-soy-aquí-ahora.

Y un estudio de la Universidad de Bruner, en Reino Unido concluyó que los usuarios obsesionados por compartir imágenes de sí mismos en redes sociales podían padecer algún tipo de complicación mental y que los que compartían mayor número de ‘selfies’ poseían cierto grado de narcisismo.

¿Y si nos desconectamos para con conectarnos con nosotros mismos?

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