Economía colaborativa: ¿Comprar o compartir?

El consumo colaborativo es una realidad y ha llegado para quedarse. La crisis económica, la tecnología móvil y la aparición de internet y las redes sociales, han acabado destapando escenarios insólitos en la forma en la que accedemos a productos y servicios.

Cada vez más son las personas que utilizan Uber o Cabify en vez de un taxi, o reservan un departamento en vez de un hotel a través de Airbnb. Estas empresas, consideradas por muchos expertos los caballos de Troya de la economía colaborativa, han consolidado tendencias de negocio multimillonarias en nichos inexplorados hasta la fecha.

¿Pero qué es realmente el consumo colaborativo?

La base de la economía de colaboración son los nuevos sistemas y plataformas tecnológicas que nos permiten aprovechar recursos y contratar servicios entre iguales que, de otra manera, estarían infrautilizados y no nos serían accesibles. Se basa en el acceso al producto por un tiempo determinado, omitiendo el proceso de adquisición y la adaptación del estilo de vida del usuario hacia un modelo más colaborativo, donde se intercambian o comparten intangibles como pueden ser espacios, habilidades, o conocimientos.

Su origen está en conceptos primarios de comercio como el trueque, el intercambio, la manufactura, la subasta o el alquiler de bienes y servicios que han conseguido reconvertirse mediante un fuerte componente digital y una alta proliferación de las redes peer to peer (de particular a particular).

Gracias a su aparición se ha generado un nuevo ámbito de oferta y demanda que miles de empresas y startups han aprovechado para redirigir sus estrategias y líneas de negocio.

¿Qué tipos de comercio colaborativo existe?

Más allá de los gigantes a los que hemos citado, existen múltiples ejemplos de cómo se están abriendo nuevas vías en esta cultura. El crowdfunding permite que particulares con ideas o proyectos de cualquier tipo recauden financiación pública. La mayor plataforma de crowdfunding en el mundo es Kickstarter.com que, desde su nacimiento en 2009, ha conseguido 2.700 millones de dólares de recaudación en EE.UU. para más de 115.000 proyectos. Pero hay muchas más, como las plataformas de educación digital MOOC (Massive Open Online Courses), o las creaciones registradas bajo licencias Creative Commons y Copyleft. También son relevantes la aparición de monedas digitales como BitCoin, o los bancos de tiempo donde la unidad de intercambio no es el dinero habitual sino el trabajo/hora.

A pesar de cierta polémica que acompaña a esta tendencia – por la ausencia de regulación sobre competencia y los vacíos legales-, lo cierto es que el consumo colaborativo nos hace partícipes del cambio y demuestra cómo la colaboración entre particulares puede mejorar los procesos y la calidad en las organizaciones.

 

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