¿Cómo andás de salud emocional?

Cuidamos la salud de nuestro organismo a través de la alimentación sana y la actividad física, pero, a veces dejamos de lado nuestra salud emocional.

Fuente: care2

De hecho, la salud emocional está estrictamente relacionada con nuestra salud física ya que los seres humanos no funcionamos como elementos aislados, sino que somos parte de un todo: ¿nunca te sucedió de estar en un momento crítico de tu vida y, de repente, sentir síntomas de alguna enfermedad? Esto sucede porque el organismo funciona como vía de escape a aquello que sentimos y pensamos.

Contar con una buena salud emocional implica estar en contacto con los sentimientos, emociones y pensamientos y tener un control sobre ellos.

¿Esto significa estar feliz todo el tiempo? Para nada. Las personas emocionalmente saludables sienten todo tipo de emociones: enojo, ira, angustia, tristeza.

Pero lo que los caracteriza es que son capaces de tomar control sobre sus emociones: toparse con un problema y no entrar en desesperación sino, por el contrario, observar desde diferentes perspectivas y analizar cuál es la mejor alternativa para afrontarlo.

A su vez, una persona emocionalmente saludable sabrá exactamente cuándo es momento de pedir ayuda y también podrá ver con claridad cuando un problema lo sobrepasa.

En definitiva, la salud emocional es una habilidad, lo cual es una gran noticia ya que significa que puede desarrollarse y practicarse. El mayor objetivo de gozar de salud emocional es poder encontrar armonía entre el mundo exterior, lo que se piensa, lo que se siente y lo que se hace. Y, afortunadamente, todos los seres humanos somos capaces de ello.

Por otro lado, la salud emocional está estrictamente relacionada con la capacidad de las personas de sobreponerse a situaciones críticas, angustiantes y estresantes. A esta habilidad también se la conoce como resiliencia que es, nada y más y nada menos, que salir fortalecidos de un problema o situación conflictiva.

Acá van unos tips para ayudarte.

Reconocer las emociones

Encerrarnos en nosotros mismos no nos sirve de nada. Ni tampoco no reconocer a uno mismo ni a los demás aquello que sentimos. Queramos o no, los sentimientos están y si los reprimimos, se manifestarán por algún otro lado. Por ejemplo, a través del síntoma de alguna enfermedad.

Así como sucede con todos los problemas de la vida, el primer paso para resolverlos es reconocerlos. De la misma manera, si sentimos una emoción, a pesar de que no nos guste o no queramos hacernos cargo de la misma, si la negamos solo estamos empeorando la situación.

Ser honestos con lo que sentimos es el primer paso para sostener un buen estado de salud emocional.

 

Compartir las emociones

Hay sentimientos que nos hacen sentir vergüenza, humillación o enojo. Por ejemplo, los miedos. En primer lugar, tenés que reconocer el miedo. Y en segundo lugar, tenés que compartirlo, porque, además, es un sentimiento completamente natural y normal.

Si no te sentís listo a compartirlo con tus más íntimos, siempre podés recurrir a un tercero para tener una conversación al respecto: puede ser un familiar, un amigo cercano o incluso un profesional de la salud, como, por ejemplo, un terapeuta. Hay numerosas opciones para no guardar bajo siete llaves lo que sentís con respecto a una determinada situación, sobre todo si se trata de un cambio importante en tu vida.

 

Poner los problemas en perspectiva

Vivimos en un mundo por demás estresante. Las expectativas que sentimos que debemos cumplir, los problemas cotidianos y el mal manejo de nuestras emociones puede ser un combo demasiado pesado para cualquiera. Por eso hay que aprender a relativizar los problemas.

¿Qué significa esto? Supongamos que hay paro de transportes y estás llegando tarde al trabajo. Supongamos también que estás embotellado en el tráfico, dentro de un colectivo, y que no te queda más remedio que esperar a que las calles se descongestionen. ¿Sirve de algo estresarse y angustiarse ante una situación sobre la cual no tenemos control en ese preciso instante? ¿Es realmente un problema grave o hay cosas mucho peores?

Poner en perspectiva los problemas es una herramienta que funciona para vivir más relajado e incluso más feliz. También es importante registrar este tipo de sentimientos para prever una solución ante un problema similar. Por ejemplo, en este caso, podemos comenzar a salir de nuestra casa más temprano para evitar atravesar nuevamente un caos de tráfico.

Empezá a poner en práctica estas habilidades ahora mismo y después, contanos cómo te fue.

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