Aprendé cómo supervisar a tus hijos en internet

En este mundo híper conectado, es imposible que niños y adolescentes estén exentos de la vida on line. Sin embargo, los padres debemos protegerlos de los peligros que acechan en la red.

Fuente: kids safety/online

¿Cómo preservar a nuestros hijos sin violar su privacidad? ¿Cuánto tiempo pueden o deben permanecer delante de la pantalla? ¿Debo o no debo revisar sus redes sociales? ¿Cómo controlar que no vean sitios no aptos para menores?

Algunas pautas para orientar a padres e hijos, a continuación:

Primero que nada, dar el ejemplo. No se puede poner límites con el celular en la mano, ni estar híper-conectados a la hora de reunirse en familia. Los niños aprenden más por nuestra conducta que por nuestras palabras.

El primer teléfono móvil de los niños no debería ser de alta gama y la edad adecuada para tenerlo es a partir de los 12 años. De esa manera, ellos pueden llamar o enviar un simple mensaje a sus padres, o sea darle el uso principal que tiene este dispositivo, que en los últimos años se utiliza en un 80% como una computadora portátil llena de aplicaciones para todo tipo de actividades.

En lo posible, ser “amigos” de nuestros hijos en las redes sociales. Cuidaremos así el mundo privado de nuestros hijos y lograremos que puedan sostener la diferencia entre el afuera y el adentro, sobre todo si son menores de 13 años. También estar al tanto de las apps más utilizadas por ellos, aunque los adultos no comprendamos bien el uso de alguna de ellas, como por ejemplo Snapchat.

Usar las posibilidades técnicas. La mayoría de las aplicaciones actuales pueden personalizarse para que el uso de los menores esté de acuerdo con los criterios paternos. Aplicaciones como antivirus, ad-blockers, como también hardware y aplicaciones para filtrar el contenido al que pueden acceder, son muy utilizados en la actualidad, de tal manera que pueden negar el acceso a lugares de contenido inconveniente para su edad.

Tiempos claros. El tiempo en frente a una computadora o televisor no debe ser indefinido. Los especialistas sugieren un máximo de dos horas continuas, sobre todo en los más pequeños.

Equilibrar el uso de los canales de comunicación. Los menores han interiorizado las nuevas tecnologías en sus relaciones por lo que el uso del móvil o el chat forma parte natural de las mismas. Es importante es que no terminen dedicándole más tiempo a esos modos virtuales de relación que no implican un contacto directo.

Evitar el aislamiento. A veces, el uso constante de la tecnología propicia conductas antisociales. Hay que fomentarles el deporte, juegos en equipo y actividades sociales.

Conocer a sus cyber amigos. Los padres deben conocerlos, del mismo modo que le presentan a otros amigos del “mundo real”.

Educar sobre la privacidad. Que no faciliten nunca los datos personales ni sus contraseñas a nadie por Internet, como no harían en la vida real.

Bases de confianza. Lo mejor es negociar el tiempo que se dedica a cada cosa con conocimiento de lo que significa y sobre la base de la confianza.

Fomentar la comunicación “cara a cara”. El contacto virtual nunca reemplazará al encuentro “cara a cara”: la mirada, las emociones o los afectos no podrán ser nunca trasmitidos por una máquina.

Comunicarse, educarlos y tenerles confianza es la clave.

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